Baal - Buzi
B
Usándola como signo en las obras eruditas sobre la Biblia, designa el manuscrito bíblico llamado Códice Vaticano, por hallarse en la Biblioteca Vaticana. Este manuscrito es considerado como el mejor de los existentes. Fue copiado en el siglo IV. Faltan treinta y nueve páginas al principio y diez en los Salmos. Pueden obtenerse reproducciones en facsímil. (Véase TEXTO Y VERSIONES DE LA BIBLIA).
BAAL
En lengua babilónica, Belu o Bel, «Señor», era el título del dios supremo de los cananeos. Su adoración procedía de Babilonia, «madre... de las abominaciones de la tierra». Allí era el título especialmente aplicado a Merodac, dios de Babilonia, llamado también Marduk. Como la palabra hebrea, significa «poseedor», que ha supuesto que al principio significaba, al usarlo en sentido religioso, el dios de un lugar particular. Pero de ello no hay prueba alguna, y el sentido de «poseedor» se deriva del de «señor». El Bel-Merodac babilónico era un dios-Sol, lo mismo que el Baal cananeo, cuyo título completo era Baal-shemaim, «señor del cielo». Como dios-Sol, Baal era adorado bajo dos aspectos: como benefactor y como destructor. Por una parte sus benéficos rayos daban luz y calor a sus adoradores; por la otra, sus fieros rayos caniculares secaban en verano la vegetación que él mismo había producido. De ahí que se le ofrecieran sacrificios humanos para apaciguar a la deidad en tiempos de hambre, o de pestes, u otras calamidades. La víctima era generalmente el primogénito del sacrificador, y era quemado vivo. En el AT esto es mencionado eufemísticamente como «hacer pasar a sus hijos por fuego» (2 R. 16:3, etc.). El culto a Baal adquiría formas diversas en las distintas naciones. Cada una de ellas tenía su propio Baal o divino «Señor», que frecuentemente asumía el nombre de la ciudad o nación a la que pertenecía. Por ejemplo, Baal-Tarz era el «Baal de Tarso». En otros casos, se unía el título con el nombre individual del dios en cuestión, y tenemos a Baal-Tammuz, «El Señor Tammuz», o «el Señor es Tammuz», etc. Todas estas formas eran conocidas colectivamente con el nombre de Baalim, o «Baales», y tenían su lugar al lado de la deidad femenina Astoret (véase), o Astarté.
Al entrar en la tierra, indudablemente los israelitas hallaron templos, arboledas, altares, y lugares altos consagrados a Baal, en los que se ofrecía incienso y ofrendas, y en los que se les sacrificaban niños, en tanto que en su servicio se mantenía una gran cantidad de sacerdotes (Nm. 22:41; 1 R. 18:22; Jer. 11:13; 19:5; 32:29).
Los israelitas pronto fueron seducidos a la adoración de Baal (Jue. 2:11, 13; 3:7; 6:31, 32; 8:33; 10:6, 10) y, aunque bajo Samuel la abandonaron (1 S. 7:4; 12:10), después de la división del reino fue totalmente establecida en Israel por Acab (1 R. 16:32). Sin embargo, Elías se mantuvo en testimonio por Jehová, y suscitó la cuestión con Israel de si era Jehová Dios, o si lo era Baal, estableciendo los derechos de Jehová con fuego del cielo. Esto llevó a la matanza de todos los profetas de Baal (1 R. 8:17-40). Pero la idolatría persistió hasta los días de Jehú, que dio muerte a sus adoradores y destruyó su templo e imágenes (2 R. 10:18-28). Sin embargo, volvió a avivarse en Israel, y bajo Ocozías y Atalía se extendió también por Judá. Allí se hallan adoradores de Baal durante los reinados de Acaz y de Manasés (2 R. 11:18; 16:3, 4; 17:16, 17; 21:3). Así consiguió seducir Satanás al pueblo de Dios tras la idolatría. Entre los baales mencionados en la Biblia se hallan BAAL-BERIT (Jue. 8:33, etc.); BAAL-PEOR (Nm. 25, etc.); BAAL-ZEBUB (2 R. 1:1-6, 16).
BAAL-HANAN
= «el Señor es misericordioso».
(a) El séptimo de los reyes de Edom (Gn. 36:38, 39; 1 Cr. 1:49, 50).
(b) Guardián del rey David sobre sus olivos y sicómoros (1 Cr. 27:28).
BAAL-HAZOR
= «señor de Hazor».
Lugar en, o cerca de, Efraín, donde Absalón tenía pastos para ovejas, y donde Amnón fue muerto (2 S. 13:23). Identificado con «Tell Asur», 31° 59' N, 35° 16' E.
BAAL-MEON
BAAL-PERAZIM
«señor de roturas».
Nombre dado por David a un lugar de Judá cerca del valle de Refaim, donde derrotó a un ejército de filisteos (2 S. 5:20; 1 Cr. 14:11).
BAAL-ZEFON
«señor de Tifón».
Lugar de los límites de Egipto, cerca del golfo de Suez. Los israelitas acamparon en sus cercanías antes de cruzar el mar Rojo. Se supone que Zefón se corresponde con Tifón pero ello no ha facilitado su identificación (Éx. 14:2, 9; Nm. 33:7).
BAALIS
= «señor de gozo».
Rey amonita que envió a Ismael a que diera muerte a Gedalías (Jer. 60:14).
BAANA
= «hijo de dolor» (heb.).
(a) Capitán del ejército de Is-boset que, con su hermano Recab, asesinó a Is-boset (2 S. 4:2-12).
(b) Comisario de Salomón en Jezreel y norte del valle del Jordán (1 R. 4:12).
(c) Comisario de Salomón en Aser (1 R. 4:16).
(d) Padre de Sadoc, el que reconstruyó parte del muro de Jerusalén (Neh. 3:4).
(e) Uno que volvió con Zorobabel (Esd. 2:2, etc.).
BAASA
= «temeridad» (heb.).
Hijo de Ahías, de la casa de Isacar. Conspiró contra Nadab rey de Israel, le dio muerte a él y a toda la familia real, y reinó en su lugar, 953-930 a.C. Fue según la palabra del Señor por el profeta Ahías, que toda la descendencia de Jeroboam sería destruida, debido a su maldad. Pero Baasa no fue mejor, y su posteridad cayó bajo un juicio similar (1 R. 15:16-33; 16:1-13; 21:22; 2 R. 9:9; 2 Cr. 16:1-6; Jer. 41:9).
BABEL
= «puerta de Dios».
Este término aparece dos veces, y sólo en el libro de Génesis. En la primera mención (Gn. 10:10) es el nombre del primer lugar mencionado como el comienzo del reino de Nimrod; en la segunda mención (Gn. 11:9) se da el nombre de «Babel» a la torre y a la ciudad, debido a que el lenguaje de los hombres quedó allí confundido, y no se entendían entre ellos. Aquí se toma «Babel» como contracción de «balbel», de «balal», confundir (Keil y Delitzsch, «Commentary on the Old Testament», vol. 1, p. 176).
No hay base para afirmar que la torre debía «llegar» al cielo (Gn. 11:4), puesto que el verbo «llegar» no se halla en el original, sino que ha sido suplido para dar sentido a la traducción. Era una torre «para» o «hacia» el cielo. Posiblemente el sentido fuera el de una torre de observación y culto a los cielos, como un «zigurat», que fuera el centro religioso unificador de aquella ciudad en construcción, en una empresa humana unida de desafío contra Dios y de rebelión contra Él. Este intento mereció el juicio de Dios con la confusión consiguiente de las lenguas y su forzosa dispersión en grupos diversos y divididos, en lugar de la gran confederación unitaria contra Dios planeada por Nimrod.
Bibliografía:
Adam, Benjamín: «The Origin of Heathendom», Bethany Fellowship (Minneapolis, 1963); también publicada en castellano bajo el título de «Astrología, una antigua conspiración» (Betania, 1978);
Custance, A. C.: «The Confusión of Tongues» (Doorway Papers, 8, Ottawa, 1961);
Leupold, H. C.: «Exposition of Genesis» (Baker Book House, Grand Rapids, 1942, 1981);
Morris, H. M.: «The Genesis Record» (CLP, San Diego, 1976).
BABILONIA
(Babel, en acadio «Bab-ilu», con la terminación griega «on»: «puerta de Dios».
BABILONIA CAPITAL.
Capital del imperio babilonio; los textos del AT la mencionan por vez primera en Gn. 10:10 con tres otras localidades que marcan juntamente el principio del reino de Nimrod (cp. Is. 23:13). Es en Babilonia que tuvo lugar la empresa de la torre de Babel, y, asimismo, la confusión de las lenguas (Gn. 11:1-9). Bajo el rey Hammurabi, la ciudad pasó a ser la capital de Babilonia, de la que fue a la vez el centro político y religioso (véanse AMRAFEL y HAMMURABI). Alcanzó el apogeo de su gloria en el siglo VI a.C. bajo Nabucodonosor, que la desarrolló en gran manera, e hizo de ella la más grande y hermosa capital de su tiempo. El antiguo palacio se levantaba sobre la ribera oriental del Éufrates. Nabucodonosor dobló sus dimensiones primitivas al prolongarlo hacia el norte; el edificio tenía entonces el río al oeste, y un canal al norte y al sur; su fachada oriental y una magnífica puerta monumental daban sobre el camino de la gran procesión que procedía del templo de Marduk, que estaba situado a casi 1 Km. al sur. Nabucodonosor construyó otro palacio, a unos 2 1/2 Km. al norte del antiguo, sobre una colina artificial cuyas faldas descendían en terrazas, y que estaban probablemente recubiertas por los famosos jardines colgantes. Herodoto (alrededor del año 443 a.C.) afirmaba que Babilonia, que indudablemente visitó, era un cuadrado, que medía 120 estadios de lado (el estadio tenía alrededor de 200 m., lo que hacía que midiera algo más de 23 Km. de lado). Estas medidas darían una superficie de alrededor de 529 km2, incluyéndose Borsippa. Ctésias, que fue también testigo ocular y famoso escriba del siglo V a.C., dice que el cuadrado de la ciudad tenía 90 estadios de lado; según él, el contorno era de 360 estadios (o casi 68 Km.); en este caso, la superficie no hubiera sido más que algo más de la mitad de la indicada por Herodoto. Las dimensiones indicadas por Diodoro de Sicilia y por Estrabo son próximas a las de Ctésias. Una muralla (Jer. 51:58) o más bien una doble fortificación, rodeaba la ciudad (Herodoto 1:181). En el exterior se extendía un foso ancho y profundo. Estaba prohibido construir casas entre las dos murallas alrededor del cuadro. Por el contorno de la ciudad, a lo largo de su muralla interior, había gran cantidad de huertos y de jardines, y de campos, contados dentro de la superficie de la ciudad, pero poco habitados. Herodoto dice que los muros de la ciudad tenían 50 codos de espesor (alrededor de 23 m.) y 200 codos de altura (92 m.). Quinto Curcio, en el 40 d.C., indica algo más de 10 metros de espesor. En todo caso, se puede concluir en base a todos estos relatos que las dimensiones de la ciudad eran formidables. Tenía un centenar de puertas de bronce, veinticinco por lado. De estas puertas nacían las grandes calles perpendiculares a la muralla, que se cortaban en ángulo recto, dividiendo a la ciudad en cuadros uniformes. El Éufrates pasaba por en medio de la ciudad, dividiéndola en dos. Grandes muelles flanqueaban las dos riberas del río. La ciudad se hallaba separada de los muelles por un muro en el que había veinticinco puertas que se abrían cada una de ellas sobre un camino que descendía hasta la orilla. Había transbordadores, un puente, e incluso un túnel. Las murallas, los muelles, los palacios, los templos, las casas privadas, estaban construidas de ladrillos; como mortero o cemento se usaba bitumen (cp. Gn. 11:3). La palmera daba la madera de construcción de las casas, con alturas de 2, 3 o 4 pisos (Herodoto, 1:178-186).
En el año 520-519 a.C., y otra vez en el año 514, Babilonia se rebeló contra Darío Histaspes, que la venció ambas veces y, finalmente, la destruyó. Seleuco Nicátor, que conquistó la ciudad en el año 312 a.C., aceleró su decadencia. Hizo gran uso de los materiales de construcción que halló en Babilonia para construir Seleucia, su nueva capital, a orillas del Tigris. Las profecías de la Biblia sobre Babilonia se han cumplido de una manera precisa (Is. 13; 14:1-23; 21:1-10; 46:1, 2: 47:1-3; Jer. 1 y 51). En Jer. 51:37 (cp. Jer. 51:1-2) se afirmó que Babilonia vendría a ser unos montones de ruinas (Jer. 51:37, cp. Jer. 1:26), y esto es literalmente lo que ha venido a ser. Las ruinas empiezan a más de 5 1/2 Km. antes del pueblo de Hillah, se extienden hacia el norte por casi 5 Km.; de este a oeste ocupan más de 3 Km., a lo largo de la ribera oriental del Éufrates. Los tres montones más notables son llamados por los árabes los montículos de Babil, de Kasr, y de Amrán. Se hallan al este del río, en una parte muy antigua de la ciudad que, en una cierta época, se había hallado en un triángulo limitado por el Éufrates y por dos murallas. Estas murallas eran rectilíneas; al este se encontraban casi en un ángulo recto; uno medía más de 3 Km., y el otro casi 5 Km. Amrán, el montículo meridional, marca la localidad del templo de Marduk. El cerro central, Kasr, cubre las viejas ruinas del palacio viejo y de un templo dedicado a la diosa Balit; este santuario, que se elevaba más al este, estaba separado del palacio por la ruta de la procesión. Babil, el montículo del norte, está en el lugar donde se levantaba el palacio de Nabucodonosor del sur.
El legado arqueológico de Babilonia es importante. Se han descubierto grandes cantidades de tabletas de barro cocido que arrojan mucha luz acerca de la vida social y del carácter de los babilonios. Eran una nación muy instruida. Hay tabletas de geología y de geografía, de matemáticas; muchas otras son registros de contratos, préstamos, matrimonios, dotes, compras de esclavos, etc. La astronomía de ellos estaba totalmente unida a la astrología. Muchas de las tabletas muestran su fe en las predicciones de los astros, lo que concuerda con Is. 47:13. Muchas tabletas mágicas y de encantamientos evidencian que tenían mucho temor a los malos espíritus: invocaban al «espíritu del cielo» y al «espíritu de la tierra» para que les libraran. Su religión ha sido descrita como la peor clase posible de «idolatría» y sus dioses parecen haber sido legión. Todas estas tabletas dan evidencia del carácter satánico de la esclavitud espiritual a la que estaban sometidos los súbditos de Babilonia. (Véase también BABEL).
BABILONIA (PAIS)
País de Asia occidental, en el extremo oriental del Creciente Fértil. Babilonia era su capital. El país de Babilonia era denominado tanto «Sinar» (Gn. 10:10; 11:2; Is. 11:11) como «el país de los caldeos» (Jer. 24:5; Ez. 12:13). Estaba limitado al norte por Mesopotamia, con la línea de demarcación en un lugar cercano a Hit, sobre el Éufrates, un poco más abajo de Samarra, a orillas del Tigris. Es una frontera natural, que separa la llanura septentrional, ligeramente elevada, de formación secundaria, de la parte meridional, deprimida, formada por aluviones de las cuencas del Éufrates y del Tigris. Al este, los límites son los montes de Elam. Al sur, terminaba en el golfo Pérsico; al oeste, por el desierto de Arabia. En la antigüedad, Babilonia tenía una superficie de alrededor de 65.000 km2, pero la parte septentrional del golfo Pérsico está rellenándose de continuo de aluviones, de manera que este país tiene en la actualidad aproximadamente 692 Km. de largo por 300 de ancho. Este territorio se irrigaba con canales, y su suelo era de una incomparable fertilidad.
La división política de Babilonia en la antigüedad la constituían dos regiones: Sumer y Acad.
Sumer, o Sumeria, la región meridional, iba del golfo Pérsico a una línea que pasaba un poco más al norte de los 32° de latitud. Ciudades de Sumer: Nippur, Adab, Lagasch, Umma, Larsa, Erec (Uruk), Ur, Eridu. La mayor parte de estas ciudades estaban a orillas del Éufrates, o no lejos de él.
Acad ocupaba el resto del país, hasta los 34° de latitud. Principales ciudades de Acad: Babilonia, Borsippa, Dilbat, Kisch, Cutha, Opis, Sippar, Agade (Acad).
Antes de la llegada de los sumerios y de los semitas, Babilonia fue habitada por pueblos de los que no sabemos mucho. En base a una de las cronologías propuestas, los sumerios ocuparon Sumer y los acadios Acad entre los años 3000 y 2500 a.C. De los sumerios no conocemos ni la raza ni el origen, y hablaban un lenguaje aglutinativo. Conocían el sistema sexagesimal y el decimal, e inventaron la escritura cuneiforme.
Originalmente, cada ciudad tenía su propio dios, su diosa, o su trío de divinidades protectoras: Anu (el cielo); Enlil (el aire y la tierra); Ea (las aguas). Las ciudades fueron, al principio, reinos independientes. La cronología de este periodo es muy incierta y discutida, y se basa en datos muy endebles y especulativos. Más adelante, entre 2425-2245 a.C. (2550, según otros) comenzó a reinar la dinastía semítica sobre Acad. Sargón, un gran conquistador semita, se apoderó de todas las ciudades de Sumer. Su imperio se extendió desde Elam a Asiria, y hasta el Mediterráneo. Entonces unas tribus nómadas de oriente, los gutienos, debilitaron el poderío semita, y dominaron Babilonia durante 125 años.
Después de ellos, el poder volvió a manos de los sumerios, que lo tuvieron desde el año 2135 hasta el 2025, aproximadamente. Se ha de insistir en que estas cronologías no son seguras, sino solamente un intento de aproximación. Ur-Nammu o Zur-Nammu (Ur-Engur), el primer rey de la 3ª dinastía de Ur, codificó las leyes sumerias; también su hijo. Su soberanía se extendía sobre Assur y Arbela hasta el golfo Pérsico, y de Susa al Líbano.
Por el año 2025, Tsin y Larsa suplantaron a Ur. Sumer fue a continuación invadida por los elamitas provenientes del este, y por los amorreos provenientes del oeste. La 1ª dinastía amorrea de Babilonia se sitúa hacia alrededor del año 1900 a.C. Esta ciudad tomó tal importancia que dio su nombre a la llanura de Sinar. Hammurabi fue el 6º rey de esta dinastía. No hay unanimidad sobre la fecha de su reinado. Se barajan fechas entre 1728 a 1686 (Albright) o 1455 a 1400 (Courville). Hay razones poderosas para asignar la fecha más tardía a Hammurabi (ver Bibliografía, Courville en UGARIT). Hammurabi reunió Sumer y Acad, que recibieron conjuntamente el nombre de Babilonia. Conquistó toda la Mesopotamia, realizó grandes obras públicas, y efectuó una recopilación legislativa. (Véase HAMMURABI)
Babilonia conoció tiempos muy turbulentos, siendo dominada por Asiria, en algunas ocasiones. Conoció también invasiones arameas. Desde el año 729 hasta el 625 Babilonia formó parte del Imperio Asirio. Los caldeos, que moraban al fondo del golfo Pérsico, fueron avanzando hacia Babilonia. Merodac-baladán, uno de sus reyes, se alió con las tribus arameas y con Elam. En el año 721 se proclamó rey de Babilonia. En 712 envió una embajada a Ezequías, rey de Judá, pero fue derrotado por Senaquerib en el año 703. Assurbanipal, rey de Asiria, murió en el año 626. Al año siguiente Nebopolasar vino a ser rey de Babilonia, fundando el Nuevo Imperio Babilónico, llamado también Imperio Caldeo. Aliado con Cyaxares, rey de Media, destruyó Nínive en el año 612 a.C. Su hijo Nabucodonosor venció al faraón Necao en Carquemis en el año 605, y lo persiguió hasta la frontera de Egipto, pero tuvo que volverse a causa de la muerte de su padre. Los caldeos dominaban ahora sobre todo el Creciente Fértil. Nabucodonosor gozó de uno de los reinados más dilatados y brillantes de la historia. Tanto embelleció Babilonia, que se le dio el nombre de rey constructor. Se apoderó dos veces de Jerusalén (597 y 586), arrasándola. Su hijo Amel-Marduk (Evil-merodac), que reinó desde el año 562 al 560, hizo salir de la cárcel a Joaquín, rey de Judá (2 R. 25:27). Le sucedieron Neriglisar (560-556) y Labaschi Marduk. Nabónido, un babilonio, llegó al trono en el año 556. Nombró regente a Belsasar. En el año 539, Gobryas (Darío), general de Ciro, rey de Persia, tomó Babilonia. Los persas reinaron sobre Babilonia desde el año 539 al 332 a.C. Alejandro Magno dominó el imperio hasta el año 323. Los seléucidas reinaron sobre Babilonia desde el año 312 al 171 a.C. Los partos dominaron el territorio desde el año 171 a.C. al 226 d.C., en que los sasánidas tomaron las riendas del poder, hasta la conquista del país por los árabes musulmanes. Después de la caída de Jerusalén en manos del general romano Tito (70 d.C.), se fundaron en el país de Babilonia escuelas judías, que se dedicaron al estudio de la Ley, permaneciendo allí varios siglos, y dando origen al Talmud Babilónico y al texto masorético del AT.
BABILONIA (MISTICA)
También recibe el nombre de MISTERIO, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA (Ap. 17:5). Se alude aquí a un gran sistema religioso con el que los reyes de la tierra han tenido una relación ilegítima, y con el que se han enriquecido los mercaderes de la tierra. Un sistema que se ha hecho culpable del derramamiento de la sangre de los mártires de Jesús. Es comparado con una mujer vestida de púrpura y escarlata, y adornada con oro y piedras preciosas y perlas, con una copa en su mano, llena de abominaciones y suciedad de su fornicación. Una referencia a la cristiandad sin Cristo que será el resultado culminante de la gran apostasía, y que será juzgada implacablemente por Dios: la antiiglesia, cuyo espíritu se ha manifestado en diversas maneras a lo largo de la historia, y que se materializará abiertamente en los últimos días. El cielo, los apóstoles y profetas, son llamados a regocijarse por la asegurada destrucción de este seductor sistema destructor de las almas (cp. Ap. 14:8; 16:19; 17:1-18; 18:1-24; 19:1-3).
BAHURIM
«tierras bajas» (heb.).
Pueblo cercano al monte de los Olivos, en el camino de Jerusalén al Jordán (2 S.16:5); es mencionado a menudo en la historia de David. De allí provenía Simei, que le maldijo; allí es donde Jonatán y Ahimaas se escondieron en un pozo cuando eran perseguidos por los partidarios de Absalón (2 S. 3:16; 16:5; 17:18; 19:16; 1 R. 2:8). Identificado con Rãs et-Tmîn, al este del monte de los Olivos.
BAILE
Entre los judíos, expresión extemporánea de alegría secular o religiosa; jamás por puro placer; siempre de día. Practicado generalmente por las mujeres (Éx. 15:20; Jue. 11:34; 21:21; 1 S. 18:6, 7; Jer. 31:4, 13); a veces por los hombres solos (2 S. 6:14-23; Sal. 30:11; 49:3; Lm. 5:15; Lc. 15:25). Sólo se cita en la Biblia un caso de una mujer bailando, al estilo romano, delante de los hombres para agradarles: Salomé. (Véase).
En algunas tumbas egipcias se conservan escenas de banquetes con intervención de bailarinas. Entre los hebreos se utilizaba el baile para celebrar efemérides nacionales (Éx. 15:20, 21), para recibir a los héroes (Jue. 11:34; 1 S.18:6) y para manifestar regocijo por alguna bendición especial (2 S. 6:14; Jer. 31:4, 13; Lc. 15:25). También figuraba en los servicios religiosos y actividades que tenían que ver con expresiones de la fe (Sal. 149:3; 150:4).
BALAAM
= «un peregrino, o señor del pueblo» (heb.).
Profeta madianita que residía en Petor, hijo de Beor o Bosor. Fue contratado por Balac rey de Moab para maldecir a Israel, pero Dios le empujó a bendecir en lugar de a maldecir a Su pueblo elegido. Aunque hablaba con una forma de piedad, su corazón estaba evidentemente inclinado a conseguir la paga de Balac (Jud. 11). El ángel de Jehová le resistió, y su asna le reprendió, pero le fue permitido seguir por su camino (Nm. 22, 23, 24; Dt. 23:4, 5; Jos. 24:9, 10). Aunque empujado por Dios a bendecir a Israel, aconsejó perversamente a Balac a que los sedujera mediante las mujeres madianitas (Nm. 31:16; 2 P. 2:15; Ap. 2:14), lo que condujo a la caída de ellos en una burda idolatría (Nm. 25:1, 2). Después de que Israel fuera castigado por su pecado, cayó la venganza sobre Moab, y entre los muertos estuvo Balaam. Es llamado «adivino» (Jos. 13:22), y cuando estaba con Balac buscó encantamientos. En Nm. 23:15 las palabras «a Dios» son añadidas por los traductores. En Nm. 24:1 se afirma que no fue en busca de agüeros, sino que quedó dominado por Dios. En los pasajes del NT es puesto como ejemplo de consumada maldad y apostasía.
BALAC
= «vacío, devastador» (heb.).
Rey de Moab, hijo de Zipor. Intentó resistir el avance de los israelitas hacia la tierra prometida, y contrató a Balaam para que los maldijera; este falso profeta le enseñó a seducir a Israel a la idolatría mediante la fornicación con sus mujeres (Nm. 22, 23, 24; Jos. 24:9; Jud. 11:25; Mi. 5:6).
BALANZAS
«Moznayim» (heb.). «Zugos» (gr.).
Un par de balanzas. Se pueden ver en los monumentos egipcios, con los pesos en un platillo, y el artículo a ser pesado en el otro. En la antigüedad se usaban también para pesar dinero (Gn. 23:16; cp. Jer. 32:10). Job pidió ser pesado en balanzas de «justicia» (Jb. 31:6; cp. Lv. 19:36; Ez. 45:10), porque las gentes trataban de falsear las balanzas, así como las pesas, lo cual era abominación ante Dios (Pr. 11:1; 16:11; Os. 12:7; Am. 8:5). En Isaías (Is. 46:6) se usa otra palabra hebrea, «ganeh», lo que significa una caña, vara o viga, y que puede referirse a la vigueta de la balanza. En Ap. 6:5 el jinete del caballo blanco tenía un par de balanzas con las que pesar la comida, evidenciando la gran escasez y hambre que caerá como juicio de Dios en el futuro.
BÁLSAMO
(heb. «tseri»).
La resina del arbusto de bálsamo, de propiedades medicinales. Galaad era famoso por su producción. Se usa como proverbio para exponer la sanidad que Dios tenía para Su pueblo si en verdad se volvían a Él (Jer. 8:22; 46:11; 51:8). Los mercaderes lo llevaban a Egipto y otros lugares (Gn. 37:25; Ez. 27:17). Jacob envió un poco a José (Gn. 43:11).
BAMA
BAMOT-BAAL
= «lugares altos de Baal» (heb.).
Ciudad relacionada con la adoración a Baal (Jos. 13:17).
BAMOT-BAAL
= «lugares altos de Baal» (heb.).
Ciudad relacionada con la adoración a Baal (Jos. 13:17).
BANCO
BANDERA
Cada tribu tenía su propia bandera, «degel», y cada familia su propia enseña, «oth». En el campamento las doce tribus estaban dispuestas de manera que había tres a cada uno de sus lados, y una de las tres daba su nombre a aquel lado del campamento. Así, la bandera de Judá recibe el nombre de bandera del campamento de Judá, que se hallaba al este; el campamento de Rubén se hallaba al sur, el campamento de Efraín al oeste y el campamento de Dan al norte. Ver CAMPAMENTO.
Las Escrituras no especifican las formas de las banderas ni de las enseñas Dicen los rabinos que la bandera
de Judá se asemejaba a un «león» (cp. Gn. 49:9; Ap. 5:5),
la de Rubén a un «hombre»,
la de Efraín a un «buey» (cp Dt. 33:17); y
la de Dan, a un «águila».
Si es así, tenemos que estas mismas formas aparecen en los rostros de las criaturas vivientes en Ez. 1:10 y Ap. 4:4-7. Se usa como bella figura del amor de Dios (Cnt. 2:4) El Señor llama a los creyentes a unirse bajo Su bandera, que Él levanta frente a todos los ataques del enemigo (Is. 59:19).
BAÑO
El caluroso clima oriental exige frecuentes baños. La hija de Faraón se bañaba en el Nilo (Éx. 2:5). Los egipcios vestían ropas de lino, siempre acabadas de lavar, y sus sacerdotes se tomaban dos baños fríos de día, y otros dos por la noche (Herodoto 2:37).
Los egipcios, hebreos y sirios se lavaban el polvo de sus pies cuando entraban en una casa (Gn. 18:4; 19:2; 24:32; 43:24; Jn. 13:10).
Si los israelitas se contaminaban, se lavaban todo el cuerpo y los vestidos (Lv. 14:8; 15:5; 17:15; Nm. 19:7, 8),
en agua corriente (Lv. 15:13),
en un río (2 R. 5:10),
dentro de un patio interior o en un jardín (2 S. 11:2, 4).
Se lavaban, se ungían, y se ponían sus mejores vestimentas para las fiestas, las ceremonias de la corte y al quitarse el duelo (Éx. 40:12, 13; Rt. 3:3; 2 S. 12:20; Mt. 6:17).
Los sacerdotes se lavaban las manos y los pies antes de entrar en el santuario o antes de hacer quemar el holocausto sobre el altar (Éx. 30:19-21). El sumo sacerdote se bañaba al momento de principiar su oficio, y en el Gran Día de la Expiación, antes de llevar a cabo cada uno de los actos de propiciación (Lv. 8:6; 16:4, 24).
En la época de Cristo, los judíos se lavaban o se rociaban al volver del mercado (Mr. 7:3, 4). En la misma época, había baños públicos, ya que los judíos adoptaron las costumbres griegas y romanas. Para baños terapéuticos, acudían a las termas de Tiberíades, de Gadara, de Callirroe, cerca de la orilla oriental del mar Muerto (Josefo, Antigüedades 17:6, 5; 18:2, 3).
BANQUERO
= «el conductor del señor.»
El último rey del imperio babilónico. En un banquete profanó los vasos sagrados del templo de Jerusalén, y fue advertido por Dios con la escritura en la pared. Había sido pesado por Dios, y hallado falto. Aunque fue reprendido por Daniel, no dio señales de arrepentimiento, y en medio de las fiestas la ciudad fue tomada por las tropas de Ciro, dirigidas por Darío de Media (Gobryas o Gubaru). La reina, probablemente la reina madre, no se hallaba presente en aquella orgía y fue la que hizo saber quién podría interpretar la escritura sobre la pared. Ver MENE.
El caso de Belsasar es uno de los más notables en los que la crítica hostil a la Palabra de Dios mantenía que había aquí una contradicción con la historia, porque no se había hallado el nombre de Belsasar en los registros externos a la Biblia. Pero ya en 1854, en Mugheir, la antigua Ur, el coronel Rawlinson descubrió una inscripción en un monumento con mención de Belsasar, y después se descubrieron más documentos acerca de él y de Nabónido. Belsasar era el primogénito de Nabónido, y compartió con su padre el reino hasta su derrumbamiento ante los persas. Nabónido, babilonio, era un usurpador del trono, no perteneciendo a la línea dinástica de Nabopolasar. Parece que se casó con una hija de Nabucodonosor, para consolidar su posición en el trono. Que Belsasar fuera rey de Babilonia bajo su padre Nabónido explica las intrigantes palabras de Belsasar al ofrecer al que le interpretara la escritura en la pared que sería «el tercer señor en el reino» (Dn. 5:7, 16, 29). No podía ofrecer el segundo puesto, que era el que tenía él mismo. Bien al contrario de lo que pretendían los críticos, en éste como en tantos otros incidentes ha quedado vindicada la precisión histórica de la Palabra de Dios, mostrándose la invalidez del argumento del silencio.
Bibliografía:
Anderson, Sir Robert: «El Príncipe que ha de venir» (Publicaciones Portavoz Evangélico, Barcelona 1980);
Carballosa, Dr. E. L.: «Daniel y el Reino Mesiánico» (Publicaciones Portavoz Evangélico, Barcelona 1979);
Boutflower, C.: «In and Around the Book of Daniel (Kregel Pub., Grand Rapids, Michi
BANQUETE SACRIFICIAL
En muchas religiones paganas los adoradores participan de los sacrificios ofrecidos a sus dioses; bien en honor de ellos, o con el carácter de participación con ellos, o, como en el culto a Osiris, se creía que se comía a la misma divinidad. En este culto, un pedazo de pastel era consagrado por el sacerdote, y se creía que se convertía en el cuerpo de Osiris. También en el México precolombino existía un culto similar, en el que los adoradores participaban de una imagen de harina, afirmando que era el cuerpo de su dios. Los sacerdotes de las diversas religiones paganas participaban de la mesa de sus dioses. A esto alude el apóstol Pablo al decir: «Antes os digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios. No podéis beber la copa del Señor y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios» (1 Co. 10:20-21).
En el judaísmo, había banquetes sacrificiales ordenados por Dios. Uno de ellos era de carácter religioso-familiar, la Pascua. Otro era el de las primicias, y en otros sólo podían participar los sacerdotes, como en los sacrificios del holocausto (Lv. 6:8-17), de la culpa (Lc. 7:1-10). Había otros de diverso carácter.
En el cristianismo, todo ello ha quedado abolido. Queda una comida memorial, no sacrificial, carente de todo valor eficaz en cuanto a aplicación de ningún tipo de mérito correspondiente a una idea de sacrificio. Es la respuesta amante del creyente al llamamiento del Señor a recordar Su muerte por nosotros hasta que Él venga (1 Co. 11:23-26), en comunión con Él. No se trata de una repetición del sacrificio de Cristo en la cruz (cp. He. 7:27; 9:23-28; 10:10-18). No es una repetición, sino una proclamación y un recuerdo. En realidad, la postura que mantiene una transubstanciación del alimento material en el cuerpo del dios se halla en el paganismo antiguo en muchas formas, y, como con tantas otras prácticas paganas, vino gradualmente a ser aceptada por amplios sectores de una cristiandad cada vez más apartada de la enseñanza y exhortación de los apóstoles en las Escrituras. Véase también COMIDA.
BARAC
= «rayo» (heb.).
Israelita de la ciudad de Cades-Neftalí. Bajo órdenes de la profetisa Débora, reunió a 10.000 hombres de Neftalí y de Zabulón, con los que derrotó a Sísara, general del ejército de Jabín, y destruyó a su ejército (Jue. 4:1-24; 5:1, 12; He. 11:32).
BARBA
Para los hebreos, una barba abundante y rizada era símbolo de hombría y adorno muy preciado (Esd. 9:3; Sal. 113:8; Is. 19:2; Jer. 48:37; Dn. 10:3); ser privado de ella era gran infamia (1 S. 2:13; 2 S. 10:4-14; 10:24; 20:9; cfr. Is. 7:20; Éx. 5:1-5).
Los monumentos asirios representan a los eunucos sin barba. En cambio, los egipcios se la dejaban crecer como señal de duelo. Por eso José tuvo que afeitarse para ir a presentarse a la corte (Gn. 41:14).
La ley levítica prohibe cortar la punta de la barba por ser esto un acto de devoción entre ciertos idólatras (Lv. 19:27; Jer. 25:23). Estaba mandado raparla en caso de lepra como medida higiénica (Lv. 14:9).
BÁRBARO
Los antiguos griegos y romanos llamaban así a los extranjeros que no hablaban su lengua, al lado de la cual la de los otros les parecía ruda y desagradable (como «bar-bar»). En el Nuevo Testamento sólo significa «extranjero de lengua desconocida» (Ro. 1:14; 1 Co. 14:11; Hch. 28:2-4). Tiene el mismo sentido en Sal. 114:1.
Ha llegado a designar a los mismos griegos desde un punto de vista religioso. En un sentido más general, bárbaro significa inculto, rudo; así, por ejemplo, Ez. 21:31.
BARBECHO
Es un trozo de tierra que se ha arado y se ha revuelto con el rastrillo, pero dejada sin sembrar para que recupere su fertilidad.
La ley de Moisés (Éx. 23:11) ordenaba que el israelita dejara su tierra en barbecho un año de cada siete, enseñando así que la tierra realmente pertenecía a Dios. Esto se hacia en el llamado año sabático (Os. 10:12). Sin embargo, en los últimos años del Antiguo Testamento esta práctica no era muy común (véase Lv. 26:33).
BARCA(O)
BARJESUS
BARRABÁS
= «hijo del padre».
Descrito como «ladrón» (Jn. 18:40) y «un preso famoso» (Mt. 27:16). Había encabezado una insurrección y cometido homicidio (Mr. 15:7). Ante la disyuntiva de elegir entre éste y el Señor Jesús, los judíos, instigados por los principales sacerdotes y por los ancianos, pidieron la liberación de este hombre, y la muerte para Jesús. Esta elección manifestó claramente la impiedad y dureza del corazón de ellos. Pedro no perdió la ocasión de presentar este hecho acusadoramente a los judíos: «Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida» (Hch. 3:14).
BARRO
En sentido real es la mezcla que resulta de la unión de tierra y agua. Tiene también un significado peyorativo: se aplica a las cosas de poco valor, despreciables. En la Biblia se encuentra esta palabra aplicada al hombre por contraste con Dios, y así San Pablo recoge esta imagen expuesta no pocas veces en el Antiguo Testamento (Is. 29:16; 64:7; Jer. 18:1-6; Ec. 33:13-14; Ro. 9:20-21).
El barro se empleaba en las construcciones. Los ladrillos se cocían al fuego con una técnica aprendida por los israelitas en Egipto (Jer. 18:3; 43:9). Se los reforzaba con paja, como se puede ver en muchas ruinas (Gn. 11:3; Éx. 1:14; 5:6-19), después se los ponía a secar al sol y con ellos se construían las casas (Jb. 38:14). También se hacían construcciones de materiales preciosos, pero en menos escala que en Grecia y Roma.
BARSABÁS
= «hijo de Saba».
(a) José, también llamado JUSTO, que fue nombrado candidato, juntamente con Matías, para ocupar la vacante dejada por Judas Iscariote (Hch. 1:23).
(b) El sobrenombre de Judas, que con Silas fue enviado a Antioquía con la decisión a la que había llegado la iglesia de Jerusalén con respecto a la controversia acerca de si circuncidar o no a los convertidos de entre los gentiles. Él y Silas son llamados «principales entre los hermanos» y «profetas» que exhortaron a los hermanos y los confirmaron (Hch. 15:22, 27, 32).
BARTIMEO
= «hijo de Timeo».
El mendigo ciego de Jericó, a quien el Señor dio la vista (Mr. 10:46).
BARTOLOMÉ
= «hijo de Talmai».
Uno de los doce apóstoles, que solamente es mencionado en las listas de los Doce (Mt. 10:3; Mr. 3:18; Lc. 6:14; Hch. 1:13). Es probable que sea Natanael (cp. Jn. 1:45; 21:2).
BARUC
(a) Amigo de confianza, amanuense o secretario de Jeremías (Jer. 32:12, 36:4)
(b) Uno de los que ayudaron a Nehemías a reedificar los muros de Jerusalén (Neh. 3:20)
(c) Firmante del pacto de guardar la ley (Neh. 10:6)
(d) Judaíta (Neh. 11:5).
BARUC (Libro)
BARZILAI
(a) Rico galaadita muy amigo de David (2 S. 17:27-29; 19:31-40).
(b) Uno que regresó del exilio en tiempos de Esdras (Esd. 2:61, 62).
(c) Consuegro de Saúl (2 S. 21:8).
BASÁN
BASEMAT
= «fragante».
(a) Una de las esposas de Esaú, hija de Ismael y madre de Reuel (Gn. 36:3, 4). En la narración anterior (Gn. 26:34; 28:9), los nombres de las esposas de Esaú difieren de los dados en el capítulo 36. Las mujeres pudieron haber tenido dos nombres, o cambiarlo al casarse. Parece probable que Basemat, hija de Elón, es la misma que Ada, hija de Elón; y que Basemat, hija de Ismael, sea la misma que Mahalat, hija de Ismael. Judit, hija de Beeri, pudiera ser la misma que Aholibama, hija de Aná, si Beeri es el nombre de su padre, y Aná el de su madre.
(b) Hija de Salomón y esposa de Ahimaas, uno de los comisarios de Salomón (1 R. 4:15).
BATO
Medida para líquidos equivalente a unos 37 litros.
En el libro de Ezequiel se afirma la siguiente equivalencia: 1 hombre = 10 batos (Ez. 45:10, 14).
BAUTISMO
Las palabras comúnmente utilizadas en el NT para denotar esta ordenanza son el verbo «baptizõ» y los nombres «baptisma» y «baptismos»; pero ninguno de estos términos se emplea sólo en este sentido. El verbo se usa también para denotar la purificación ceremonial de los judíos antes de comer, para la que se vertía agua sobre las manos (Lc. 11:38; Mr. 7:4); figuradamente, para significar los sufrimientos de Cristo (Mr. 10:38, 39; Lc. 12:50); y por último, para denotar la ordenanza bautismal. «Baptizõ» es la forma intensiva de «baptein», «sumergir», y tiene un sentido más amplio que éste. En Hebreos (He. 9:10) «baptismos», referido a los diversos lavamientos rituales ordenados en el AT con referencia a los ritos del tabernáculo, se traduce «abluciones»; sin ningún género de dudas, se refiere a los lavamientos ordenados en Lv. 6:27, 28; 8:6; 11; 13; 14; 15; 16; 17; 22:6; Nm. 8:7, 21; 19, etc.
En el bautismo, la idea expresada es la unión a alguien o a algo. Refiriéndose a los israelitas, se dice en las Escrituras: «todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar» (1 Co. 10:2). Así el bautismo cristiano es la identificación con Cristo en la esfera de Su autoridad y señorío.
(a) BAUTISMO DE JUAN.
El bautismo de Juan tenía lugar en el Jordán, hacia donde las multitudes salían (Mr. 1:4, 5), y es mencionado una y otra vez como bautismo de «arrepentimiento» (Mr. 1:4; Lc. 3:3; Hch. 13:24; 19:4). Los que así se bautizaban debían dar frutos dignos de arrepentimiento (Mt. 3:8; Lc. 3:8). Ellos confesaban sus pecados (Mt. 3:6), y exhortaban al pueblo a que creyeran en Aquel que vendría tras él, Cristo Jesús, de quien dio él mismo testimonio (Hch. 19:4; cp. Jn. 1:29, 36). Un residuo piadoso se separó por el bautismo esperando la venida del Mesías; por este bautismo se juzgaron a sí mismos, y se apartaron de la condición caída de la nación. El Señor Jesús fue bautizado por Juan, no en Su caso para confesión de pecados, sino para asociarse en gracia con el residuo arrepentido, para cumplir toda justicia (Mt. 3:15). Su bautismo por Juan fue también la ocasión de Su ungimiento por el Espíritu Santo para Su ministerio público, y del testimonio del agrado del Padre en Él, Su Hijo.
(b) BAUTISMO CRISTIANO.
El bautismo cristiano implica la confesión de Cristo como Señor, constituyendo la identificación externa con Su muerte, y por ende el salirse o bien del terreno judío, culpable del rechazo de Cristo como Su Mesías, o del terreno gentil, sin Dios ni esperanza en este mundo (Ro. 6:3; Hch. 2:38, 40; Ef. 2:12). Este bautismo es «al (eis) nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» (Mt. 28:19). Y «en (epi, o en los mss. B, C, D) el nombre de Jesucristo». Las Escrituras no dan una enseñanza concreta acerca del modo del bautismo. El gran tema del bautismo es a quién somos bautizados (cp Hch. 19 3). Pero la idea dada por la palabra es la de lavamiento como con los sacerdotes de antaño (Éx. 29:4) más bien que un rociamiento, como con los levitas (Nm. 8:7).
Pablo dio una importancia secundaria al acto externo a la unidad entre los creyentes (cp. 1 Co. 1:10-15); sí hizo hincapié en el bautismo del Espíritu Santo. (Ver BAUTISMO DEL ESPÍRITU SANTO).
Con respecto a quién puede recibir el bautismo, hay posturas divergentes. El Nuevo Testamento no menciona el bautismo de niños como tal; en las conversiones de Lidia, del carcelero de Filipos, y de Estéfanas (Hch. 16:15, 33; 1 Co. 1:16), se afirma que con ellos se bautizó «toda su casa», lo cual incluye en el término griego a todos aquellos que estaban sometidos a la autoridad del cabeza de familia, menores y esclavos. Se aduce que en el caso de la casa del carcelero de Filipos toda su casa se regocijó. Pero también es un hecho que el verbo creyó está en el original en masculino y singular, pudiéndose aplicar solamente al carcelero (Hch. 16:34). Todo esto conduce a la conclusión de que con respecto al modo y receptores del bautismo sería imprudente llegar a conclusiones dogmáticas. Con respecto a la naturaleza del bautismo, es un acto externo que se refiere al terreno de confesión, testimonio, en identificación pública con la muerte de Cristo para andar en novedad de vida (Ro. 6 3, 4) La posición de que el bautismo da el nuevo nacimiento sostenida por la iglesia de Roma en base a Jn. 3:5 es una mala interpretación del simbolismo de las Escrituras, que el apóstol Pablo, en cambio comprendió muy bien: «...el lavamiento de agua por la palabra» (cp. Ro. 10 17 «la fe es por el oír, y el oír por la Palabra de Dios»). Así, lo que tenemos en Jn. 3:5 no es bautismo, sino la Palabra de Dios hecha eficaz por el Espíritu.
Las distintas opiniones sobre el bautismo han dado lugar a diversos grupos eclesiásticos entre los cristianos. En un breve artículo como éste, es difícil exponer las diversas posturas y sus pros y contras, y remitimos al estudioso a la bibliografía al final del artículo. En todo caso, siempre manteniendo vigorosamente el aspecto externo y no salvífico del bautismo, es de lamentar que en lugar de agua de unión, haya venido a ser «las aguas de la rencilla».
(c) BAUTISMO DE MUERTOS
Bautizarse por los muertos. Esta expresión aparece en 1 Co. 15:29. Se han dado muchas explicaciones a este pasaje, pero leído a tenor del contexto en que se halla, leyendo los versículos 20-28 como paréntesis, el v. 18 explica el v. 29, y el v. 19 explica 30:32. Así, si no hubiera resurrección, los «que durmieron en Cristo perecieron... ¿qué harán los que se bautizan por los muertos?» ¿Para qué ocupar los puestos de los que cayeron, y peligrar a toda hora, como soldados en una guerra, si los muertos no resucitan? ¿Qué aprovechaba a Pablo luchar contra fieras en Éfeso, si los muertos no resucitan? La alusión a «peligramos a toda hora» y a «batallé» es a los que están en peligro, como soldados en guerra. Bautizarse por los muertos, pues, se dice de aquellos que en la lucha toman el lugar de los caídos, por su profesión de fe hecha pública por el bautismo. No hay lugar para exégesis imaginativas de este texto.
Bibliografía
Obras de carácter «bautista»: Rodríguez, A. S.: Nuestro credo sobre el bautismo (Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, Texas 1928); Warns, Johannes: Baptism (Kregel Publication, Grand Rapids, Michigan 1968); G. R. Beasley-Murray: Baptism in the New Testament (The Paternoster Press, Exeter, 1976).
Obras de carácter «reformado»: Charles Hodge: De la insignia cristiana (ACELR, Barcelona 1969); Jay. E. Adams: The Meaning and Mode of Baptism (Presbyterian and Reformed Pub. C., Phillipsburg, New Jersey 1980); Robert Rayburn: What About Baptism (Baker Book House, Grand Rapids, Michigan 1979).
Un excelente estudio contrastado de las dos posturas: Donald Bridge y David Phypers: The Water that Divides - The baptism debate (Intervarsity Press, Leicester 1977).
BAUTISMO DEL ESPÍRITU SANTO
BAUTISTA
BECERRO DE ORO
Encontramos el becerro de oro en dos ocasiones importantes de la historia de Israel: Aarón, el hermano de Moisés, obligado por el pueblo, erige uno en el desierto después del éxodo (Éx. 32:1-7), y Jeroboam levanta dos: uno en Bet-el y otro en Dan con ocasión de la división del reino (1 R. 12:28-29). La fiesta que ocasionó la hechura del becerro de oro en el desierto estuvo acompañada de orgías (Hch. 7:41). La representación del Dios trascendente por una imagen que los hebreos habían visto en Egipto indignó a Moisés y el legislador castigó severísimamente a los culpables. Aarón pudo salvar su vida gracias a que su participación en la rebelión fue obligada. La construcción de los becerros de oro en tiempos de la monarquía tuvo lugar en el siglo X cuando ya el pueblo estaba establecido en la tierra prometida y el monarca del norte quiso evitar que el pueblo viniese a Jerusalén. Esta adoración de una imagen hecha por hombres es condenada por los profetas (Os. 8:5-6; 13:2).
En todo el Oriente antiguo (Babilonia, Sumeria, Egipto) el toro, por su fuerza y fecundidad, era considerado símbolo de la divinidad. La religión de Moisés condenó esta práctica.
BEDELIO
Resina de un arbusto balsámico en forma de granos pequeños amarillentos (cfr. Gá. 2:12); en Nm. 11:7 se dice que el maná tenía la apariencia del bedelio.
BEELZEBÚ
Nombre que se da en varios pasajes del Nuevo Testamento al «príncipe de los demonios» (Mr. 3:22; Mt. 10:25; 12:26). (Véase BAAL).
BEER
«pozo». Voz que entra en la composición de nombres de lugares y personas.
(a) Una estación de la peregrinación hebrea (Nm. 21:16-18) en Moab. Quizás idéntica a Beer-elim («pozo de los hombres fuertes») (Is. 15:8). Todavía en nuestros días el agua se halla a flor de tierra y basta hundir un palo para que el agua fluya a borbotones.
(b) Ciudad de Judá, situada, según Eusebio, al oeste de Jerusalén y cerca de Bet-semes (Jue. 9:21).
BEEROT
(a) Uno de los lugares de parada de los israelitas en el desierto (Dt. 10:6).
(b) Una de las cuatro ciudades de los heveos que engañaron a Josué a que hiciera con ellos tratado de paz. Fue entregada a Benjamín (Jos. 9:17; 18:25; 2 S. 4:2). Está identificada con «Bireh», 31° 54' N, 35° 13' E, a unos 11 Km. al norte de Jerusalén. Después del cautiverio babilónico, varios fueron a repoblar esta ciudad (Esd. 2:25; Neh. 7:29).
BEERSEBA
= «pozo del juramento».
(a) Este nombre fue dado al lugar en el que Abraham y Abimelec pactaron no hostigarse mutuamente, confirmando el pacto con juramento. Vino después a ser la morada de Abraham e Isaac, que también cavó allí un pozo.
(b) Una ciudad lleva también este nombre (Gn. 21:14, 31-33; 22:19; 26:23, 33; 28:10). Pasó a formar parte de la herencia de Simeón (Jos. 19:1, 2); después del establecimiento de los israelitas en la tierra, se menciona constantemente como la frontera meridional de la tierra, así como Dan es mencionada como el límite septentrional; así, decir «de Dan a Beerseba» era dar expresión a la totalidad del territorio, incluso en los días de Salomón (1 R. 4:25).
BEHEMOT
Se trata de un gran animal, descrito en Jb. 40:15-24. Una opinión bastante generalizada es que se trata del hipopótamo. Sin embargo, un examen riguroso del texto no apoya esta idea. Si se reconoce la contemporaneidad de los dinosaurios con el hombre, descartando la hipótesis de un largo desarrollo transformista de la vida sobre la tierra, la descripción concuerda admirablemente con la de un brontosaurio, gran reptil vegetariano. Cp. especialmente la descripción de su cola (Jb. 40:17).
Bibliografía:
Morris, H. M., y John C. Whitcomb: «El Diluvio del Génesis» (Clíe, Terrassa, 1981);
Bible Science Newsletter, suplemento marzo 1973, vol. 3, nº 2, «Job and Science» (Minneapolis, Minn.).
BEL
= «Señor».
Uno de los dioses de Babilonia, que se supone era el nombre babilónico de Baal (Is. 46:1; Jer. 1:2; 51:44). Se identifica con Marduk o Merodac, el dios protector de Babilonia.
BELÉN
(heb. «Bethlehem» = «casa de pan»).
Ciudad de Judá también llamada Belén de Judá (Jue. 17: 7-9) Es mencionada por vez primera en relación con la muerte y sepultura de Raquel (Gn. 35:19) La historia de Rut tiene relación con Isaí el belenita por lo que evidentemente fue el lugar del nacimiento del rey David (1 S. 16:4; 17:12, 15) Fue también el lugar de nacimiento del Señor Jesús.
Originalmente se llamaba «Efrata» (Gn. 35:16, 19; 48:7; Rt. 4:11; Sal. 132:6). Es una vez llamada Belén Efrata, esto es, «el fructífero», porque el Señor de Israel iba a proceder de allí (Mi. 5:2; Lc. 2:4, 15; Jn. 7:42). Esta profecía llevó a Herodes a masacrar a los pequeños de Belén y de sus contornos (Mt. 2:16, 18).
Está situada a unos 10 kilómetros al sur de Jerusalén, 31° 42' N, 35° 12' E, sobre una estrecha serranía que tiene su inicio en el sistema central. La serranía está cubierta de terrazas, dedicadas al cultivo del olivo y de la vid. Hay conventos de las iglesias latina, griega y armenia, y la llamada iglesia de la Natividad. Desde 1967 en poder de los israelitas (antes formaba parte de la Cisjordania palestina anexionada por Transjordania el año 1948), tiene unos 30.000 habitantes. Su nombre árabe es «Beit Lahm».
BELIAL
= «maldad» o «indignidad».
Se usa generalmente en la expresión «hijo de Belial», y quiere decir: «brusco», «perverso», «impío», «destruidor», según el contexto (1 S. 1:16; 25:25; 30:32; Sal. 18:4; Pr. 19:28; Nah. 2:1). Pablo lo nombra como personificación del mal (2 Co. 6:15).
BELSASAR
= «el conductor del señor.»
El último rey del imperio babilónico. En un banquete profanó los vasos sagrados del templo de Jerusalén, y fue advertido por Dios con la escritura en la pared. Había sido pesado por Dios, y hallado falto. Aunque fue reprendido por Daniel, no dio señales de arrepentimiento, y en medio de las fiestas la ciudad fue tomada por las tropas de Ciro, dirigidas por Darío de Media (Gobryas o Gubaru). La reina, probablemente la reina madre, no se hallaba presente en aquella orgía y fue la que hizo saber quién podría interpretar la escritura sobre la pared. Ver MENE.
El caso de Belsasar es uno de los más notables en los que la crítica hostil a la Palabra de Dios mantenía que había aquí una contradicción con la historia, porque no se había hallado el nombre de Belsasar en los registros externos a la Biblia. Pero ya en 1854, en Mugheir, la antigua Ur, el coronel Rawlinson descubrió una inscripción en un monumento con mención de Belsasar, y después se descubrieron más documentos acerca de él y de Nabónido. Belsasar era el primogénito de Nabónido, y compartió con su padre el reino hasta su derrumbamiento ante los persas. Nabónido, babilonio, era un usurpador del trono, no perteneciendo a la línea dinástica de Nabopolasar. Parece que se casó con una hija de Nabucodonosor, para consolidar su posición en el trono. Que Belsasar fuera rey de Babilonia bajo su padre Nabónido explica las intrigantes palabras de Belsasar al ofrecer al que le interpretara la escritura en la pared que sería «el tercer señor en el reino» (Dn. 5:7, 16, 29). No podía ofrecer el segundo puesto, que era el que tenía él mismo. Bien al contrario de lo que pretendían los críticos, en éste como en tantos otros incidentes ha quedado vindicada la precisión histórica de la Palabra de Dios, mostrándose la invalidez del argumento del silencio.
Bibliografía:
Anderson, Sir Robert: «El Príncipe que ha de venir» (Publicaciones Portavoz Evangélico, Barcelona 1980);
Carballosa, Dr. E. L.: «Daniel y el Reino Mesiánico» (Publicaciones Portavoz Evangélico, Barcelona 1979);
Boutflower, C.: «In and Around the Book of Daniel (Kregel Pub., Grand Rapids, Michigan 1977);
Wilson, R. D.: «Studies in the Book of Daniel» (Baker Book House, Grand Rapids, Michigan 1977);
Whitcomb, Dr. J. C.: «Darius the Mede» (Presbyterian and Reformed Pub. Co., Nutley, New Jersey 1977).
BELTSASAR
BENADAD
Reyes arameos de Damasco:
(a) Con Benadad I se confederó (1 R. 15:18 y ss) el rey del reino del sur (Judá), contra el del reino del norte, Israel.
(b) Salmanasar II de Asiria venció en el año 854 a una coalición dirigida tal vez por Benadad II, y éste luchó a continuación, aunque sin éxito, contra el reino del norte, Israel (1 R. 20:1-34).
(c) Benadad III fue derrotado por Asiria hacia el año 790 a.C. y por ello no pudo conseguir ya ningún otro éxito (2 R. 13:24 y ss) contra el reino del norte, Israel.
BENAÍA
= «Jehová ha construido.»
(a) Levita, hijo de Joiada, de Cabseel de Judá (2 S. 23:20). Su padre era sacerdote (1 Cr. 27:5); si Joiada estaba al servicio del altar, fue probablemente el principal de los sacerdotes que se unieron al ejército para poner a David sobre el trono (1 Cr. 12:27). Benaía era valiente. Descendió a una cisterna para dar muerte a un león. Abatió a dos héroes moabitas. Armado tan sólo de un cayado, se midió con un gigante egipcio y, arrebatándole su lanza, le dio muerte con ella (2 S. 23:20, 21; 1 Cr. 11:22, 23). Mandaba a los cereteos y a los peleteos, la guardia personal del rey David (2 S. 8:18). Mandaba también al tercer ejército durante el tercer mes (1 Cr. 27:5, 6). Benaía y la guardia permanecieron fieles a David durante la rebelión de Absalón (cp. 2 S. 15:18; 20:23) y de Adonías (1 R. 1:10). David le ordenó que escoltara a Salomón, con la guardia, hasta Gihón, para que fuera ungido rey (1 R. 1:32-38); como jefe de la guardia, dio muerte a Adonías (1 R. 2:25), a Joab (1 R. 2:29-34), y a Simei (1 R. 2:46). A la muerte de estos conspiradores, Benaía fue ascendido a general en jefe de los ejércitos de Salomón (1 R. 2:35).
(b) Uno de los valientes de David, piratonita (2 S. 23:30; 1 Cr. 11:31; 27:14).
(c) Príncipe de la familia de Simeón (1 Cr. 4:36).
(d) Levita y guarda de las puertas (1 Cr. 15:18, 20; 16:5).
(e) Sacerdote que tocaba la trompeta delante del arca (1 Cr. 15:24; 16:6).
(f) Padre de Joiada, uno de los consejeros de David (1 Cr. 27:34).
(g) Levita descendiente de Asaf (2 Cr. 20:14).
(h) Levita supervisor de las ofrendas del templo (2 Cr. 31:13).
(i) Padre de Pelatías, príncipe de Judá (Ez. 11:1, 3).
(j) Es también el nombre de cuatro hombres que se casaron con mujeres extranjeras (Esd. 10:25, 30, 35, 43).
BENDICIÓN
BENJAMÍN
= «hijo de mi diestra».
El último de los hijos de Jacob, e hijo de Raquel, y hermano de José. Al llegar a Belén, Raquel dio a luz a Benjamín. Al morir del parto, le dio el nombre de Benoni, «hijo de mi aflicción». Jacob lo llamó Benjamín (Gn. 35:16-20); fue muy amado por su padre, particularmente después de la pérdida de José, debido a que lo había tenido en su vejez, y que era el hijo menor de Raquel. Jacob se resistió mucho a que acompañara a sus hermanos a Egipto. Judá temía que si alguna desgracia le sucedía a Benjamín, su padre podría morir de dolor (Gn. 43:1-17). También José amaba mucho a Benjamín (Gn. 43:29-34; 44:1-34). Benjamín tuvo diez hijos y numerosos descendientes, que formaron una tribu de Israel (Gn. 46:21; Nm. 26:38-41; 1 Cr. 7:6-12; 8).
Dos personas llevan también este nombre (1 Cr. 7:10; Esd. 10:32).
BENJAMÍN (Tribu)
Nombre de las familias que descendieron de Benjamín, y del territorio que les fue asignado. Después de la distribución de la tierra, en Silo, a continuación de Judá y Efraín, la primera suerte recayó en Benjamín, que recibió el distrito situado entre estas dos tribus. Su frontera norte corría por Bet-el, e iba desde el Jordán hasta Atarot-adar, al sur de Bet-horón de abajo. Saliendo de allí, su límite occidental iba hasta Quiriat-jearim. De este lugar la frontera meridional se dirigía hasta el valle de Ben-Hinnom, directamente al sur de Jerusalén, llegando al extremo norte del mar Muerto. La frontera oriental era el Jordán (Jos. 18:11-20). El espacio así delimitado medía 45 Km. de este a oeste, y poco más de 20 Km. de norte a sur. Aunque era montañoso, era un distrito muy feraz, y había muchas ciudades, entre las que las principales eran Jerusalén, Bet-el, Gabaón, Gabaa, Mizpa (Jos. 18:21-28). Esta tribu dio un liberador a Israel cuando gemían bajo la opresión extranjera (Jue. 3:15), y fue casi exterminada por proteger a los habitantes de Gabaa, que habían cometido un execrable crimen (Jue. 19-21). El primer rey de Israel fue benjamita, y la tribu de Benjamín estuvo durante mucho tiempo ligada a la casa de Saúl (2 S. 2:9, 15; 1 Cr. 12:29). Con posterioridad a la accesión de Da vid al trono, los benjamitas expresaron en diversas ocasiones su descontento (2 S. 16:5; 20:1-22; Sal. 7:1) sin embargo una gran parte de Benjamin permaneció fiel a la casa de David cuando encabezadas por Jeroboam las diez tribus se separaron de Judá (1 R. 12:21). Esta fracción fiel a David siguió la suerte de la tribu de Judá hasta el fin (Esd. 4:1).
Pablo, el apóstol de los gentiles, era de la tribu de Benjamín (Fil. 3:5).
Dos puertas de Jerusalén llevaban el nombre de Benjamín. La puerta superior o la gran puerta de Benjamín, estaba dentro del templo (Jer. 20:2). Para la otra puerta, véase JERUSALÉN.
BERACA
= «bendición».
(a) Un benjamita que se unió a David en Siclag (1 Cr. 12:3).
(b) Un valle de Judá cercano a Tecoa. Josafat le dio este nombre porque allí dio gracias a Dios por la gran victoria sobre los amonitas, moabitas y edomitas (2 Cr. 20:26); se hallan vestigios de este nombre en Bereikut, a unos 6 Km. al norte de Tecoa, a 10 Km. al suroeste de Belén, en «Wadi el Arrub».
BEREA
Ciudad de Macedonia, a 80 Km. al oeste de Tesalónica, y a 38 Km. del mar, en la vertiente norte de los montes del Olimpo.
Los judíos de allí son alabados por su nobleza al buscar en las Escrituras si ciertamente eran así las cosas que Pablo les anunciaba, y como resultado de lo cual muchos de ellos creyeron (Hch. 17:10, 13; 20:4).
Sopáter era de allí.
Se llama ahora «Kara Verria».
BERENICE
= «lleva la victoria».
Princesa judía, hija de Herodes Agripa I y hermana de Agripa, casada con su tío Herodes, rey de Calcis. Su intimidad con su propio hermano Agripa causó escándalo; habiendo enviudado, se casó con Polemo, rey de Cilicia, pero lo abandonó para volver al lado de Agripa, con quien estaba cuando Pablo compareció ante éste (Hch. 25:13, 23; 26:27-30). Más tarde fue manceba de los romanos Vespasiano y Tito. Sus relaciones amorosas con este último habían comenzado durante la primera rebelión de los judíos contra los romanos.
BERILO
(A) Heb. «tarshish»; piedra preciosa relacionada indudablemente con el lugar de origen de la primera piedra de la cuarta hilera del pectoral (Éx. 28:20; 39:13; Cnt. 5:14; Ez. 1:16; 10:9; 28:13; Dn. 10:6). Ninguno de los pasajes da indicación alguna del color de esta piedra. Hay algunos comentaristas que traducen el «tarshish» de Cnt. 5:14 por topacio y «tarshish» de Éx. 28:20 por calcedonia. En la LXX se traduce como crisólito en Éx. 28:20; 39:13; Ez. 28:13, y como «anthrax», que se traduce «carbunclo», en Ez. 10:9.
(B) El término gr. «beryllos» de Ap. 21:20 se traduce como berilo, para designar el octavo fundamento de la Nueva Jerusalén. El berilo es un mineral de roca, formado especialmente por sílice y aluminio; por lo general es de color verde o verde azulado; aparece también en variedades azules, rosas, amarillas, o de color de aguamarina; está emparentada con la esmeralda.
Véase PIEDRAS PRECIOSAS.
BERNABÉ
«hijo de consolación».
Su nombre era José, pero los apóstoles le dieron el sobrenombre de Barnabás, «hijo de consolación», o más bien, «de exhortación».
Aparece por primera vez cuando vende su tierra y pone el precio de ella a los pies de los apóstoles (Hch. 4:36, 37). Cuando los discípulos en Jerusalén mostraron temor acerca de Pablo, fue él quien lo tomó y lo presentó ante los apóstoles (Hch. 9:26, 27). Cuando los gentiles se convirtieron en Antioquía fue Bernabé quien fue enviado allí desde Jerusalén. Se regocijó en la realidad de la obra, y los exhortó a que se aferraran al Señor; de él se dice en las Escrituras que era «varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe». Fue después en busca de Pablo, y lo llevó consigo a Antioquía, donde trabajaron durante un año entero. Después visitaron juntos Jerusalén, llevando los dones de los santos (Hch. 11:22-30). Antioquía vino a ser un centro desde el que el evangelio salía a los gentiles; fue allí que dijo el Espíritu Santo: «Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado», empezando desde allí lo que recibe el nombre del primer viaje misionero de Pablo (Hch. 13:2-4).
Cuando se suscitó la cuestión de si era necesario que se circuncidasen los creyentes procedentes de la gentilidad, Pablo y Bernabé subieron a Jerusalén para tratar este asunto (Hch. 15:1-41), que se resolvió con la decisión de no encadenar a los gentiles con la ley judía, aunque sí quedaban ligados a las demandas morales y necesarias de Dios (Hch. 15:1-41). Después de esto Pablo propuso volver a visitar a los hermanos en las ciudades en las que habían predicado. Bernabé insistió en llevar con ellos a su sobrino Juan Marcos; al expresar Pablo su desacuerdo, por cuanto Marcos había abandonado antes la obra, se suscitó una viva discusión, y Bernabé, separándose de Pablo, embarcó con Marcos para Chipre, su propio país. Así es como se separaron estos dos valiosos hermanos, que habían arriesgado sus vidas por el nombre del Señor Jesús.
No sabemos nada de las posteriores actividades de Bernabé. Pablo alude a él como habiendo sido arrastrado por la disimulación de Pedro, pero por otra parte habla afectuosamente de él (1 Co. 9:6; Gá. 2:1, 9, 13).
BERNABÉ (Espístola)
BESER
(a) Una de las ciudades con derecho de asilo (Dt. 4:41-43), situada al este del río Jordán en territorio de Rubén. Fue asignada como tierra de habitación para los descendientes de Merari de la tribu de Leví (Jos. 21:36; 1 Cr. 6:63-78).
(b) Uno de los hijos de Zofa de la casa de Aser (1 Cr. 7:37).
BESO
Esta común forma de salutación entre parientes queda santificada por su adopción por parte de la iglesia. Cinco de las Epístolas finalizan con la exhortación a saludarse unos a otros con un ósculo santo, u ósculo de amor (Ro. 16:16; 1 Co. 16:20; 2 Co. 13:12; 1 Ts. 5:26; 1 P. 5:14). Cuando Pablo dio el adiós a los ancianos de Éfeso, ellos lloraron entristecidos, y le abrazaron besándole. Obtener permiso para besar la mano de un superior constituía un honor. Los paganos besaban a sus dioses (1 R. 19:18; Os. 13:2). En el caso de objetos distantes de adoración, como el sol y la luna, sus adoradores se besaban la mano (Jb. 31:26, 27). De ahí que la palabra más generalizada para adoración en el NT sea «proskuneõ», de «kuneõ», besar. Los reyes y jueces de la tierra son exhortados a besar al Hijo cuando Él venga a reinar, no sea que se desencadene Su ira, y perezcan (Sal. 2:12).
En las «Constituciones Apostólicas», un escrito compilado en el siglo IV d.C., se hace referencia a que entonces hombres y mujeres se sentaban por separado en distintos lados de la sala, por lo que el beso no se daba entonces entre personas de distinto sexo.
BESOR
BESTIA
Aparte de su significado normal en castellano, esta palabra es en la Biblia símbolo apocalíptico de fuerza bruta, sensual, lasciva, opuesta a Dios. En este sentido aparece en Dn. 7 y en Ap. 13:11-18. En su sentido literal se aplica a los cuadrúpedos. Según Gn. 1:25-28, fueron creadas en la misma etapa que el hombre, pero a éste le fue dado dominio sobre ellas, colocándolo en categoría distinta (1 Co. 15:44-46; Stg. 3:15). Se las considera dotadas de un alma física (o «vida»), residente en la sangre, por lo cual se prohibe comer sangre (Lv. 7:27; 17:10; Hch. 15:29).
La principal riqueza de las tribus nómadas era el ganado, y los rebaños se mencionan con mucha frecuencia en la bestia (Dt. 32:14; 2 S. 17:29; 2 Cr. 7:5; Sal. 78:52; Is. 53:6; Jn. 10:1-8), haciéndoseles objeto de solícitos cuidados (Nm. 32:16; Is. 53:16; Jer. 33:13). Para la carga se usaba el camello, para montura y labores de campo, el asno, y el caballo sólo para la guerra (Gn. 12:16; 2 S. 19:26; 2 R. 2:11; Jer. 12:5).
La ley mosaica prohibía maltratar a las bestias (Éx. 23:4, 5, 12; Dt. 25:4), pero el buey que mataba a un hombre a cornadas era tratado como un criminal (Éx. 21:28). Entre las bestias salvajes se mencionan más el león, el oso, el leopardo, el zorro y la hiena o chacal.
Algunos pueblos paganos representaban a sus dioses en figura animal, práctica condenada severamente por la ley y los profetas (Éx. 32; 1 R. 12:28; 13:2). La bestia emplea la figura de animales o bestias fantásticas como símbolo de potencias históricas y espirituales (Nm. 21:8; Ez. 1; Dn. 7; Ap. 4).
BESTIALIDAD
Pecado sexual bastante común entre los cananeos (Lv. 18:23-25), los egipcios (Herodoto, II, 46, habla del chivo sagrado de Mende, usado para semejante práctica como rito religioso).
En Israel era castigada con la muerte, tanto de la persona humana como del animal (Éx. 22:18; Lv. 20:15 ss; cfr. Dt. 27:21).
BET-AVÉN
«casa de iniquidad».
Lugar o «desierto» de Benjamín cerca de Bet-el (Jos. 7:2; 18:12; 1 S. 13:5; 14:23; Os. 4:15; 5:8; 10:5).
Aunque se dice que está al este de Bet-el, en Oseas parece que es el nombre dado al mismo Bet-el, ya no siendo más la «casa de Dios», sino «casa de iniquidad» debido a los ídolos allí presentes.
BET-BARA
«lugar de vado».
Lugar al este del Jordán, hasta donde los madianitas fueron perseguidos por Gedeón (Jue. 7:24) No está identificado con certeza
BET-EL
«casa de Dios».
(a) Ciudad de Palestina al oeste de Hai al sur de Silo (Gn. 12:8; Jue. 21:19) cerca de Micmas (1 S. 13:2). Al entrar en Palestina, y después, Abraham plantó su tienda cerca de Bet el (Gn. 13:3). Los cananeos la llamaban Luz; pero Jacob dio el nombre de Bet-el a un lugar muy próximo a Luz donde durmió sobre el suelo durante su huida de Esaú, y donde tuvo una visión de Dios. Erigió allí la piedra que le había servido de cabezal, para marcar el lugar (Gn. 28:19 ss; 31:13). Eran dos lugares distintos (Jos. 16:2), pero el nombre de Bet-el llegó a suplantar el de Luz para designar a todo el conjunto. Al volver de Padán-aram Jacob fue a Bet-el y levantó un altar confirmando el nombre dado a este lugar (Gn. 35:1-15; Os. 12:5) Los habitantes de esta ciudad ayudaron a los de Hai durante el segundo ataque de Josué (Jos. 8:9, 12, 17) Más tarde Josué y los israelitas se apoderaron de Bet-el dando muerte a su rey (Jos. 12:9, 16) Esta población fue asignada a Benjamín y se hallaba en el limite norte de esta tribu, en la frontera con Efraín (Jos. 16:2; 18:13, 22).
Los hombres de Efraín entraron y pasaron a cuchillo a todos sus habitantes cananeos, cuando se estaban instalando en los territorios recientemente conquistados (Jue. 1:22-25); al final, la ciudad quedó, de hecho, en poder de los efrainitas (1 Cr. 7:28). Cuando los israelitas se reunieron en Mizpa, cerca de Gabaa, para combatir contra Benjamín, sacaron el arca de Silo, a 29 Km. de distancia; de Mizpa fue después llevada a Bet-el, a unos 13 Km (Jue. 20:1, 27). Los hombres de Israel acudían allí para consultar a Jehová; erigieron allí un altar provisional, ofreciendo sacrificios sobre él (Jue. 20:18-26). Al final de la guerra, volvieron a Bet-el, presentándose ante Jehová, y construyeron un nuevo altar, o repararon el antiguo, y ofrecieron holocaustos (Jue. 21:2-4). Cuando ya no había servicio sacerdotal en Silo, a causa de la pérdida y de la recuperación del arca, Bet-el fue uno de los lugares en el circuito que Samuel recorría juzgando a Israel; allí se presentaban las ofrendas a Dios (1 S. 7:16; 10:3).
Allí Jeroboam, cuando tuvo lugar el cisma nacional, puso uno de sus becerros (1 R. 12:29-33), para impedir que los israelitas fueran a Jerusalén a adorar. Se erigió un altar, y se ofrecieron sacrificios al ídolo, pero fue condenado por un varón de Dios, y el altar fue quebrado (1 R. 12:29-33; 13:1-32; Am. 7:10, 13). Los profetas denunciaron el culto idolátrico, y a los que los practicaban (Jer. 48:13; Os. 10:15; Am. 3:14; 4:4; 5:5, 6). Fue entonces que fue llamado Bet-avén, o «casa de iniquidad, o de vanidad» (véase BET-AVÉN, cp. Os. 4:15; 5:8; 10:5).
Amós, a causa de su audaz predicación, estuvo en peligro en Bet-el (Am. 7:10-13). Josías destruyó sus altares y lugares altos; allí quemó, conforme a lo predicho por el profeta Abías, huesos sacados de los sepulcros de los sacerdotes paganos (2 R. 23:4, 15-20).
Algunos habitantes de Bet-el retornaron del exilio babilónico con Zorobabel (Esd. 2:28; Neh. 7:32); esta ciudad volvió entonces a manos de los benjamitas (Neh. 11:31). Las ruinas de esta ciudad, llamada Beitin, se encuentran en la línea de división de las vertientes de Palestina, a 18 Km. al norte de Jerusalén, en la cumbre de una colina que desciende hacia el sudeste, ocupando unas 80 Ha. Existen allí abundantes restos arqueológicos e históricos.
(b) Ciudad en el territorio de Simeón (1 S. 30:27). Véase BETUEL.
BET-HOGLA
= «casa de la perdiz».
Aldea próxima al Jordán, en la frontera entre Benjamín y Judá (Jos. 15:6; 18:19).
BET-HORÓN
= «casa de falsedad».
Ciudades gemelas de Efraín, distanciadas 3 Km. la una de la otra, y con una diferencia de altura de 190 metros, llamadas «la alta» y «la baja», respectivamente. Dominaban un desfiladero muy estratégico, y fueron fortificadas por Salomón (2 Cr. 8:5). Los jefes militares reforzaron sobre todo los muros de Bet-horón la alta, debido a que tenía la posición clave (1 R. 9:17; 1 Cr. 9:50). Las guerras se ensañaron en este lugar. Los amorreos huyeron ante Josué por este desfiladero (Jos. 10:10 ss). Los filisteos las tomaron para combatir a Saúl (1 R. 13:18).
Judas Macabeo libró allí dos batallas (1 Mac. 3:15 ss; 7:39). El ejército de Cestio Galio, gobernador de Siria, fue casi aniquilado en este lugar por los judíos (Josefo, Guerras 2:19, 8). Estos dos pueblos siguen existiendo, con los nombres de «et-Takta» y «et-Foka», con el nombre de «Bet Ur» para el conjunto, 31° 53' N, 35° 6' y 5' E.
BET-MEÓN
= «lugar de morada»
Ciudad de Rubén al este del Jordán (Jer. 48:23). Llamada también Baal-meón, Bet-baal-meón, y Beón (Jos. 13:17; Nm. 32:3; 38, que dice, «mudados los nombres»; 1 Cr. 5:8).
En Ez. 25:9 se habla de ella como una ciudad que era de «las tierras deseables».
Las ruinas, llamadas Tell Maain, se sitúan en 31° 41' N, 35° 44' E, al norte del país de Moab, a casi 6 Km. y medio al suroeste de Medeba.
BET-MEÓN